15 mayo 2018

KVAS PARA TODOS

Era en Nóvoye Seló, en vísperas de fiesta, cuando una tremenda señora ponía la mesnada de muchachos a hacer kvas.

Llegaban sedientos, tres, cuatro, cinco; y ella los recibía en jarras.

Un rapaz de ojos claros escucha la intrépida voz:

-Arrima de la fuente doce litros de agua fresca.

Otro con el pelo rojizo:

-Ve a comprarle a Zajar cuatro kilos de pan de centeno.

La que ofrecía su sonrisa:

-Toma al peso ochocientos gramos de azúcar.

El que no se separa, con las guedejas cubriendo la frente:

-Coge de aquel vasar ochenta gramos de levadura.

Una chica ojos color tabaco, vivarachos:

-Trepa al sobrao de Zajar y róbale doscientos gramos de pasas.

La señora, a cambio de belleza, derramaba el pan en agua hirviente. Ya enfriado, disuelve una muchacha el azúcar. Otra espolvorea la levadura. Reposa el brebaje en lugar templado media día. A la vuelta, los jóvenes lo trasiegan en botellas, añadiendo las pasas, y todo es abandonado en lugar fresco.

El tiempo cumple su labor. Dos días después, para la fiesta, el kvas está a punto.

Texto de Alan



Cantarillo de Alicante
Foto de Alan

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