21 junio 2014

THE CHAMPAGNE SANDWICH


I opened the bedroom door softly when I got back, just to see if he needed anything, and found that he had fallen asleep. It's strange, I thought, how different people look when they're asleep; Mr. Dickens looked so confident, so sophisticated, when he was awake, but now, lying there in his pyjamas with his hair all rumpled, he looked like a small boy. I closed the door quietly, and went into the kitchen to make him some soup for lunch.

By Sunday evening he was definitely better. So much better, in fact, that when I took him in some sandwiches he asked me for a drink to go with them.

"Do you think you should? You've still got a bit of a temperature."

"Of course I should — especially if it's champagne. There's probably a bottle in the 'frig — go and have a look, there's a good girl. And bring two glasses."

I sat on the end of his bed, holding out the glasses as he eased the cork from the bottle. It came out with a satisfactory pop.

"Quick — gimme a glass." The golden liquid bubbled out; I wasn't quite quick enough with a glass, and some splashed over the sandwiches.

"I'll cut some more," I suggested.

"Why bother. Let's pretend we've invented a new dish — champagne sandwiches." He picked up one of the soggy triangles and bit into it with apparent relish, while I took the bottle and filled up the glasses.

"Here's to your rapid recovery."

Mr. Dickens leant back against his pillows and studied me, glass in hand.

"I'm not so sure if I want to recover rapidly — it's really rather nice being looked after."

I laughed. "But you are looked after — all the time."

"I don't mean just waited on — I mean really looked after. Cosseted. Here, have some more champagne." He refilled my glass.

"If I have any more, I won't be fit to wash up."

"Oh, leave it — the servants'll be back tomorrow."

"But I wouldn't like them to find the place in a mess."

"Stop being so conscientious. I feel like a game of backgammon — can you play backgammon?"

"Only sort-of."

"Well, fetch the board and we'll have a sort-of game, after I've put this down." And he started tucking into his supper. All at once he stopped eating. "What about you? Have you had anything to eat?"

"I'll get something later."

"No, you won't — you'll have some now." He watched authoritatively as I fetched a second tray from the kitchen. Suddenly it struck me, also, that it was nice to be looked after.


De regreso, abrí con cuidado la puerta de la habitación, solo por ver si necesitaba alguna cosa, y descubrí que se había dormido. Es extraño, pensé, qué distinta parece la gente cuando duerme; Mr. Dickens parecía tan seguro, tan sofisticado, cuando estaba despierto, pero ahora, tendido en pijama con el pelo todo revuelto, parecía un chiquillo. Cerré la puerta silenciosamente, y fui a la cocina a prepararle un sopa de almuerzo.

El domingo por la noche había mejorado sin duda. Tanto, de hecho, que al llevarle unos sándwiches me pidió una bebida para acompañarlos.

—¿Cree que debería? Aún tiene un poco de fiebre.

—Claro que debería... especialmente si es champán. Puede que haya una botella en la nevera... vaya a echar un vistazo, eso es, buena chica. Y traiga dos copas.

Me senté en el extremo de la cama, sosteniendo las copas mientras él descorchaba la botella. El corcho saltó con un pop satisfactorio.

—Rápido... déme una copa —el líquido dorado salió burbujeando; no fui lo bastante rápida en alcanzarle la copa, y un poco de champán salpicó los sándwiches.

—Prepararé algunos más —sugerí.

—Para qué molestarse. Finjamos que hemos inventado un nuevo plato... sándwiches al champán —cogió uno de los triángulos empapados y lo mordió con aparente delicia, mientras yo tomaba la botella y llenaba las copas.

—Por su pronta recuperación.

Mr. Dickens se recostó en las almohadas y me examinó, la copa en la mano.

—No estoy tan seguro de querer recuperarme pronto... en realidad, es bastante agradable que cuiden de ti.

Me eché a reír.

—Pero si cuidan de usted... todo el tiempo.

—No quiero decir solo que te atiendan... quiero decir que cuiden de ti de verdad. Que te mimen. Tenga, tome otro poco de champán —me llenó la copa.

—Si tomo un poco más, no estaré en condiciones de fregar.

—Oh, déjelo... los criados volverán mañana.

—Pero no me gustaría que encuentren la casa hecha un desastre.

—Basta de escrúpulos. Me apetece una partida de backgammon... ¿sabe jugar al backgammon?

—Solo a medias.

—Bueno, alcance el tablero y echaremos una partida a medias, después que haya acabado esto —y empezó a devorar la cena. De repente dejó de comer—. ¿Y usted? ¿Ha comido algo?

—Tomaré alguna cosa más tarde.

—No, no lo hará... tomará algo ahora —me vigiló con autoridad mientras traía una segunda bandeja de la cocina. De repente me asaltó, también, el pensamiento de que era agradable que cuidaran de ti.

Christian Miller, The Champagne Sandwich
Traducción de Alan

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