08 noviembre 2009

LA GENTE DEL PANTANO


"Los muertos y los durmientes, cuánto se asemejan."
 Gilgamesh 

"Hay en las aguas del pantano un extraño poder que impide la putrefacción.
Se han encontrado cuerpos que deben haber yacido allá más de mil años,
y si bien algo menguados y oscurecidos, aparecen por lo demás inmutables."

 Almanaque danés, 1837

El hombre de Tollund (siglos V-IV a. C.), tal como apareció en 1952 en ese pantano de Jutlandia, conservado gracias a las propiedades químicas de la turba y la ausencia de oxígeno. Podemos ver cara a cara un hombre de la Edad de Hierro. En torno al cuello, la soga del sacrificio.

En The Bog People, el arqueólogo danés P. V. Glob narra la historia de estos hallazgos en Dinamarca y el norte de Europa, y cómo muchos de ellos están relacionados con ritos de fecundidad.

En las edades de Bronce y de Hierro, los pantanos se consideraban lugares sagrados, en los que numerosas ceremonias religiosas, de las que ahora encontramos huella, tuvieron lugar.

*

Durante siglos, se ha extraído turba de los pantanos daneses como combustible del hogar, que protegía contra el frío de invierno y calentaba la comida. Mientras ha sido así, han emergido de la turba gentes bien conservadas, de un tono marrón oscuro, para sorpresa, terror y desconcierto de los cortadores de turba. Creían que era el mal encarnado, el Diablo, lo que tenían delante; o bien recordaban historias de siniestros asesinatos sin resolver ocurridos en el distrito, o de personas que desaparecieron sin dejar huella. Difícilmente podían imaginar que muchos siglos separaban sus vidas de la persona muerta en el pantano.

*

El hombre de Tollund y muchos otros de los hombres del pantano, después de un breve tiempo como dios y esposo de la diosa -el tiempo de las fiestas de primavera y el recorrido de aldea en aldea- cumplían con la demanda final de su religión. Eran sacrificados y sumergidos en pantanos sagrados; con su muerte se consumaba el rito que aseguraba fortuna y fertilidad a la comunidad campesina para el año entrante. Al mismo tiempo, mediante este sacrificio, quedaban consagrados por siempre a Nerthus, diosa de la fertilidad, a la Madre Tierra, que en recompensa tan a menudo ha bendecido sus rostros, preservándolos a través de milenios.

Y una curiosa relación entre arqueología y leyenda. En uno de estos cuerpos, hallado el siglo XIX en el pantano de Juthe, cerca de la corte real de Jelling, al este de Jutlandia, vieron algunos el auténtico cadáver de la hermosa, astuta y malévola reina Gunhild, salvajemente asesinada por su prometido, el rey Harald, según las crónicas. Este es el poema Reina Gunhild, escrito en 1841 por Steensen Blicher:

Entonces
Entonces vestías de marta y cebellina
Te adornabas con joyas preciosas
Gemas y perlas en tu cabello dorado
Malignos pensamientos en tu mente.

Ahora
Ahora yaces desnuda, arrugada y horrible
Con una calavera vacía por cabeza
Más negra que la estaca de roble
Que te desposó al pantano.


Textos: P. V. Glob, The Bog People
Traducción de Alan

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04 noviembre 2009

FOTOGRAFÍAS AMERICANAS: EL CAMINO


Ilya Ilf y Yevgueni Petrov, autores de novela satírica Las doce sillas, un recorrido por la tierra de los soviets a la caza de una fortuna, y su continuación, El becerro de oro, se embarcaron en 1935 en un viaje que los llevó de la Unión Soviética a los Estados Unidos, como corresponsales del periódico Pravda. Une vez allí, atravesaron América en Ford, de Nueva York a California, y vuelta, a lo largo de diez semanas.

La narración de este otro viaje, y las instantáneas tomadas por Ilf con su cámara Leica, quedaron recogidas en una serie de artículos, Fotografías americanas, publicados en la revista Ogoniok. El último libro que escribieron juntos, La América de un solo piso, habla también de este viaje.

Cabinet Magazine recupera uno de los artículos de Fotografías americanas, 'El camino', que tiene todo el humor y la agudeza de sus autores. Aquí va un extracto.

Al quinto día de travesía por el océano Atlántico, vimos los gigantescos edificios de Nueva York. Ante nosotros estaba América. Pero cuando llevábamos una semana en Nueva York y, así nos parecía, empezábamos a comprender América, nos dijeron de modo totalmente inesperado que Nueva York no es América en absoluto. Nos dijeron que Nueva York es un puente entre Europa y América, y que nos hallábamos situados sobre el puente. Entonces nos fuimos a Washington, bien dispuestos a creer que la capital de los Estados Unidos es sin discusión América. Pasamos allí un día, y al atardecer ya nos habíamos enamorado de esta ciudad puramente americana. Sin embargo, esa misma tarde nos dijeron que Washington no era bajo ningún concepto América. Nos dijeron que esta era una ciudad de burócratas gubernamentales y que América era algo completamente distinto. Perplejos, viajamos a Hartford, una ciudad en el Estado de Connecticut, donde el gran escritor americano Mark Twain vivió sus años de madurez. Ante nuestro inmenso horror, los habitantes del lugar nos dijeron que Hartford tampoco era la genuina América. Unos afirmaban que la genuina América estaba en los Estados del sur, mientras que para otros se hallaba en los del oeste. Otros no decían nada, sólo apuntaban vagamente con el dedo en el espacio. Entonces resolvimos seguir un plan: viajaríamos a lo largo del país en automóvil, atravesándolo del Atlántico al Pacífico, y volviendo por una ruta distinta, a través del golfo de México, en la creencia de que sin duda en alguna parte hallaríamos América. Regresamos a Nueva York, adquirimos un Ford (el transporte en automóvil privado es el medio más económico de viajar por los Estados Unidos), lo aseguramos a él y a nosotros, y en una fría mañana de noviembre dejamos Nueva York por América. (...)


Un extranjero, que no domine la lengua inglesa, puede aventurarse en la carretera americana con espíritu tranquilo. No corre el riesgo de perderse. En estas carreteras le es posible incluso a un niño o a un sordomudo viajar por su cuenta.

Las carreteras están cuidadosamente numeradas. Los números aparecen con tal frecuencia en el camino que tomar una ruta equivocada es simplemente imposible.


A veces dos carreteras se juntan en una durante un trecho. Entonces dos números aparecen en el poste: el número de la carretera federal arriba, y el número de la carretera estatal debajo.

En ocasiones cinco, siete o hasta diez carreteras se juntan. Entonces la cantidad de números crece con el poste al que están unidos.


Hay muchas señales de todas clases en el camino. Están situadas cerca del suelo, a la derecha, de modo que siempre quedan bajo el campo de visión del conductor. Nunca son inciertas y no requieren ser descifradas. En América nunca te encuentras nada como un misterioso triángulo azul dentro de un cuadrado rojo, una señal con la que es posible devanarse los sesos durante horas tratando de averiguar qué significa. (...)


En la ciudad de San Antonio, Texas, cuelgan anuncios bajos los semáforos de cada cruce: "40 muertes por acidente de tráfico en San Antonio en 1935. ¡Conduzca con precaución!" A veces es posible descubrir un humor bastante más negro en inscripciones de esta clase. En el oeste, hallamos en el camino esta señal: "Conduzca con precaución. Cementerio a la vuelta de la curva."


A propósito, hablando de cementerios...


Aquí está la clase de cementerio que más a menudo se encuentra en América. Un cementerio de automóviles. (...)


Esta imagen (arriba) debería llamarse como sigue: "Hela aquí, ¡esta es America!"

Y en verdad, cuando uno cierra los ojos y trata de reavivar las imágenes de ese país donde ha pasado cuatro meses, no se imagina uno en Washington con sus jardines, columnas y vastas colecciones de monumentos, ni en Nueva York con sus rascacielos y sus ricos y pobres, ni en San Francisco con sus calles empinadas y sus puentes suspendidos, ni en las montañas, fábricas o cañones, sino en un cruce entre dos caminos como este, con una gasolinera contra un campo de alambres y de anuncios.

Traducción de Alan

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28 octubre 2009

SAN-BAO

Música de San-Bao para las películas El camino a casa (1999) y Ni uno menos (1998), de Zhang Yimou.



THE ROAD HOME

The Road Home
01. Cart
02. First Appearance
03. Deliver Lunch
04. Drawing Water
05. Falling in Love
06. Encounter
07. Lunch 1
08. Lunch 2
09. Leaving the Village
10. Broken Bowl
11. Time Goes By
12. Hallucination
13. Art Craft
14. Waiting for Him in the Snow
15. Tear Drops
16. Funeral
17. Memory
18. The Road Home

Not One Less
19. Diary
20. Carry Bricks
21. Go to the City
22. Poster
23. In the Morning
24. Combing the Streets
25. Interview
26. Not One Less




"Viajó hasta la remota aldea para convertirse en la nueva maestra. Era apenas mayor que sus alumnos y no tenía experiencia; sólo la fuerte voluntad de conseguirlo.

Pero cuando un muchacho se ve obligado a marcharse a la ciudad en busca de trabajo, ella lo arriesga todo para traerlo de vuelta a casa.

De Zhang Yimou, el aclamado y premiado director de La linterna roja y Jou Dou, llega la historia de una muchacha en un extraordinario viaje, que cambió su vida para siempre: Ni uno menos."

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26 octubre 2009

UNA CENA

El barco donde faenaba Mario había zarpado el ocho de mayo, para un viaje de seis meses, con destino al Mar del Norte. El diez de mayo hizo escala en Liverpool, y Mario salió a pasar la noche en un hotel al que iba siempre, cerca del puerto, llamado Seven Hearts and Arrows.

Estaba fatigado por la travesía. Quería cenar y acostarse pronto. Tomó un baño, se cambió, y a las ocho bajó al restaurante.

Era una sala pequeña, alargada, con unas pocas mesas cubiertas de hule, y al fondo se abría un arco que daba directamente a la cocina. Había sido una antigua bodega. Las paredes, sin revestir, mostraban el ladrillo del muro, y su techo era abovedado. La única luz venía de dos faroles marinos, colgados a cada extremo, junto a la entrada y el arco.

Aún no había nadie. Se sentó en la primera mesa, y al rato salió de la cocina una camarera y se acercó a él.

Nunca la había visto allí. Tenía los mismos rasgos y el mismo gesto que su esposa, a la que había dejado dos días atrás en su casa, en Deva. Era en todo igual, salvo que llevaba el pelo más claro, levantado y recogido con un alfiler en forma de flecha de oro, y su cuerpo parecía más flexible y joven. Vestía una falda roja y una blusa blanca con la enseña del hotel bordada en rojo en el bolsillo.

Sonrió y le entregó el menú, y desapareció otra vez por el arco. Al poco volvió a salir. Mario pronunció algunas palabras, medio inglesas y españolas, y señaló algunos platos del menú.

Ella se quedó mirando un instante sus manos; luego, con la mano izquierda, anotó rápidamente el pedido.

–¿De bebida?

Al escucharla, apenas pudo contener la sorpresa.

Como no decía nada, ella le sugirió:

–Acaba de llegar un vino francés, Languedoc. ¿Desea probarlo? -y cuando él asintió, añadió sonriendo– Enseguida estarán sus platos.

Mario cenó pescado en salsa y pierna de cordero, todo de su gusto. Iba a pagar la cuenta, cuando ella volvió a salir y le rogó que aceptara un postre obsequio de la casa.

A la muchacha, con el ajetreo, se le había desabrochado un botón más de la blusa, y al inclinarse a dejar el plato, él reconoció la cadena que llevaba al cuello, y le invadió un profundo sentimiento de gratitud y ternura.

Entonces, cosa extraña, el broche cedió y la cadena cayó deslizándose como un hilo de oro sobre el hule. Pero ella terminó de volverse, como si no lo hubiese notado, y desapareció sin recogerla.

Al levantarse de la mesa, Mario tomó la cadena y la guardó. Cuando salió de su habitación, por la mañana, junto a la cadena llevaba una carta sin cerrar, que fue con él durante los seis meses de travesía. Esto ocurrió en el segundo año de su matrimonio.

Texto de Alan



Abbott Handerson Thayer
Girl Arranging Her Hair

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24 octubre 2009

CASPAR DAVID FRIEDRICH













Algunas obras de la exposición Caspar David Friedrich: arte de dibujar
Ruinas del monasterio de Eldena, Vista general de una construcción ovalada, Árbol seco,

Roquedo, El Molino Real en el llano de Plauen, En el Ryk en Greifswald.

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23 octubre 2009

CHARLOTTE ET VÉRONIQUE

Cortometraje de Jean-Luc Godard (1959), guión de Eric Rohmer. Hay tres cortos más de esta serie: Présentation ou Charlotte et son steak (1951), Véronique et son cancre (1958), dirigidos por Rohmer, y Charlotte et son Jules (1960), de Godard.



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22 octubre 2009

FRANTIŠEK KUPKA


Showgirl in Yellow Costume



The Book Lover



Desnudo tendido, Gabrielle



Dancer and Hoop



The Yellow Scale



Autour d'un point

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20 octubre 2009

ESPUMA DE AFEITAR Y GORILA

La había invitado a cenar esa noche en su casa, y ante su sorpresa ella aceptó. Pero aún no sabía qué hacer con el Comisionado, y era improbable que ella se retrasase. Vivía en el piso de arriba, desde hacía unas semanas.

Terminó de afeitarse. A través de la puerta abierta, miró al pequeño gorila, buscando en él un gesto de aprobación. El Comisionado estaba repantigado en su butaca, en mitad de la sala. No hizo ninguna mueca. Siguió inmóvil. Cualquiera hubiese dicho que esa era su expresión habitual. Aunque el Comisionado nunca la había visto, conocía su andar, su olor y su dulce acento extranjero tan bien como él, y a su modo la consideraba una intrusa. Cada vez que la sentía subir o bajar la escalera, emitía un gruñido poco esperanzador.

Se puso la camisa. Los ojos saltones del Comisionado parpadearon, se entrecerraron muy despacio y volvieron a abrirse, como por un resorte. En una comisura asomó una lágrima. Bostezó. Era evidente que los calmantes empezaban a hacerle efecto y que luchaba por no quedarse dormido.

–¿No es un poco pronto? ¿Quieres ir ya a la habitación?

El Comisionado negó con la cabeza, y acto seguido se quedó amodorrado.

Él sonrió, pero la casa era muy pequeña. No había manera de esconderlo.

Salió del lavabo, llevando el bote de afeitar, y cubrió de espuma el rostro del pequeño gorila. Luego extendió una sábana alrededor de la butaca, a la altura de los hombros. Solo se le veía la cabeza. Parecía un enjuto anciano que se hubiese quedado dormido, con el rostro embadurnado, a punto de afeitarse.

Entonces llamaron a la puerta.

Metió apresuradamente la butaca en el cuarto de baño y corrió a abrir.

Allí estaba ella, encantadora y misteriosa.

–Dé un paso, y entrará en el salón.

–Lo sé –rió ella, con su dulce acento extranjero–. Mi piso es igual que este... solo que al revés. Ahí queda mi alcoba –dijo, señalando el lavabo–, tras una cortina. Y enfrente, donde tiene usted esa cortina, está la puerta del lavabo. ¿Usted también vive solo?

Él asintió con la cabeza, sirvió unas bebidas y poco después fue a ver el asado. La cocina estaba en un rincón, junto a la ventana. Desde allí, la oyó levantarse y andar con su paso familiar. Luego se abrió una puerta.

–Disculpe, creí que no había nadie.

La puerta volvió a cerrarse. Un segundo después, ella estaba frente a él.

–¿No me ha dicho que vivía solo?

–Es el Comisionado... perdóneme, lo olvidé.

–¿Y qué hace cubierto de espuma? Parece que se ha dormido.

–Apenas puede valerse. Viene cada viernes, a que lo afeite. Será solo un momento...

–En ese caso, déjeme mientras usted termina aquí...

Antes que él pudiera decir nada, ya estaba ella en el cuarto de baño, encerrada con el Comisionado.

Las manos le temblaban al sacar la bandeja del horno. Dentro no se oía nada. No la vio salir, dando gritos. Trinchó el asado... ¿sería posible que estuviese afeitándole? Se acercó, pegó el oído a la puerta y escuchó el silbido de la cuchilla al rasurar.

Luego se hizo el silencio. Oyó correr el agua del grifo. Se retiró de la puerta cuando ella la abría. Al fondo vio al Comisionado –no podía ser otro–, inmóvil, irreconocible. En el mentón pelado le brotaban dos pequeños cortes de sangre. Y frente a él estaba ella, que le miraba con ojos intrépidos.

–Servido. Ni siquiera se ha despertado. ¡Cómo me recordó a...! Los rasgos simiescos, esa pinta vetusta...

Luego, con una sonrisa, dijo:

–Entonces, ¿cenamos?

Texto de Alan


Dibujo de František Kupka

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